Cuando hace años hicimos la reforma en casa, una de las propuestas que nos hicieron para ahorrar algo de espacio en el cuarto de baño fue instalar inodoros suspendidos. Una alternativa que daba al baño un aspecto mucho más limpio. Pero, si estás pensando en esta opción, debes tener en cuenta otros aspectos.
En el diseño de baños actual, una idea domina con fuerza: cuanto menos se vea, mejor. Bajo esa premisa de despejar el espacio, los inodoros suspendidos y las cisternas empotradas se han convertido en una de las opciones predilectas frente al sanitario clásico de toda la vida. Su estética moderna convence a primera vista, pero, antes de decidirse, conviene sopesar sus ventajas reales, las exigencias técnicas y el impacto que tendrán en la factura final.
Es lo que explica a los compañeros de Decosfera David Sevilleja (@todosobrereformas), experto en reformas, para quien esta alternativa es “completamente acertada” porque, en sus palabras, “dan más sensación de amplitud, se ven más modernos y hacen que la limpieza sea mucho más fácil”.
@todosobrereformas
*Publicidad* PON UN INODORO SUSPENDIDO POR ESTO 👇🏻 En esta obra el cliente nos pidió instalar un inodoro suspendido de Geberit. Y fue una decisión completamente acertada. 🚽 Este tipo de inodoros utilizan una cisterna empotrada en la pared, que queda totalmente oculta. La que nosotros hemos puesto, es la DUOFIX. En este caso vamos a hacer un recrecido en el muro para esconderla y dejar una repisa a media altura. Si alguna vez hay que revisarla, se puede acceder fácilmente a través del pulsador. Lo importante es que la estructura quede bien fijada al suelo y a la pared, y perfectamente a nivel y a plomo. Además, estas estructuras soportan hasta 400 kg, así que no hay problema de resistencia. El resultado: un inodoro más fácil de limpiar y un baño que parece mucho más amplio. ✨ Y tú, ¿lo pondrías en tu baño? ¿Conocías los inodoros suspendidos de Geberit? ¡Al lío chicos! 😉
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Cómo se instala. Frente al inodoro tradicional apoyado en el suelo, el suspendido se fija a un bastidor metálico oculto en la pared o en un tabique recrecido. Este último esconde también la cisterna y las conexiones y puede aprovecharse para crear una repisa. El pulsador permite acceder a la cisterna sin romper el revestimiento; esta suele fabricarse en una sola pieza para reducir el riesgo de fugas.
En cuanto a las cisternas empotradas, ya hemos explicado en alguna ocasión cómo solucionar los problemas que pueden presentar. Aunque a primera vista su reparación pueda parecer más complicada, en realidad también puede resultar bastante sencilla.
Ventajas e inconvenientes

Foto de Max Vakhtbovych
No obstante, si estás pensando en instalar uno de estos inodoros en casa, debes saber que, aunque ofrece bastantes beneficios, también puede presentar algunos inconvenientes. Por eso, vamos a repasar tanto sus ventajas como sus desventajas.
El primer beneficio de este tipo de instalación es que facilita mucho la limpieza y así lo defiende Sandra Barañano, directora técnica de Cuida Tu Casa en Idealista. Al no tener pie ni juntas selladas con silicona en el suelo, desaparecen los rincones inaccesibles donde suele acumularse la suciedad. Pasar la fregona por debajo resulta mucho más sencillo.
Además, el baño se ve más despejado, algo de agradecer, sobre todo en espacios en los que no sobran los metros cuadrados. La continuidad visual del suelo y la ausencia de una cisterna a la vista contribuyen a esa sensación de amplitud.
Una estantería extra. Como la cisterna va empotrada, puede ser necesario recrecer el tabique para ocultar el mecanismo. En ese caso, puedes optar por un murete a media altura cuya parte superior sirva como repisa para colocar botes, velas o toallas, aprovechando el volumen creado.

De nuevo tocaba colocar todo con el latiguillo sellado
Al contrario de lo que muchos temen y tal y como ya explicamos, si la cisterna falla, no suele hacer falta picar la pared en caso de avería. El propio pulsador actúa como tapa de registro y se desmonta para facilitar el acceso.
Por último, a diferencia de las tazas de pie tradicionales, la altura de fijación puede ajustarse durante el montaje. Esta cualidad permite adaptar el baño a las necesidades de las personas mayores o con problemas de movilidad.
Pero, como hemos dicho, también existen algunos inconvenientes que conviene no pasar por alto.
El primero es que este tipo de instalación puede restar espacio a la estancia. Aunque la cisterna quede oculta, sigue ocupando un volumen: Por ejemplo, Roca indica una profundidad mínima de entre 90 mm y de 108 mm en función del modelo y Geberit cifra este número entre 100 y 222 mm.
Si el muro original no permite empotrar el conjunto, habrá que recrecerlo con placas de yeso laminado hidrófugo o ladrillo, reduciendo el espacio disponible en el baño. José Luis, profesional de Construsan, en Habitissimo avisa que ocultar el anclaje y la cisterna puede obligar a levantar una pared falsa.

Foto de Max Vakhtbovych
También es fundamental contar con una estructura sólida que soporte el peso de forma segura. Aunque algunos bastidores están diseñados para soportar hasta 400 kg, la resistencia del conjunto depende de una instalación correcta. En tabiques débiles no basta con atornillar el inodoro a la pared: es necesario utilizar un bastidor adecuado, con los anclajes al suelo y a la pared que indique el fabricante.
A todo ello se suma el precio, que suele superar al de un inodoro estándar. Entre el bastidor empotrado, el pulsador, la taza compatible y la mano de obra especializada (además de la albañilería del recrecido y el alicatado), la instalación puede costar entre 400 y más de 1.500 euros adicionales respecto a la de un modelo convencional.
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La noticia
David Sevilleja, experto en reformas: “Olvídate del inodoro de pie y apuesta por uno suspendido que hará que tu baño parezca más amplio, más moderno y más fácil de limpiar”
fue publicada originalmente en
Xataka Smart Home
por
Jose Antonio Carmona
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