A la hora de montarnos un sistema de cine en casa, muchas son las opciones que tenemos disponibles actualmente, como utilizar los clásicos altavoces estéreo, ayudarnos de una minicadena, de un conjunto home cinema multicanal en kit o directamente apostar por una barra de sonido.
Cada opción tiene sus ventajas e inconvenientes y nos aportará un nivel de calidad en función de lo que gastemos y de la tecnología que usen. Pero hay una serie de tendencias y decisiones que, con independencia del tipo de equipo que tengamos, harán que por mucho que nos esforcemos al final nunca logremos alcanzar la calidad sonora deseada.
Montar el equipo poco a poco sí, pero en la misma gama
Uno de los principales problemas al montar un equipo de cine en casa suele ser la falta de presupuesto. Si el tuyo es muy grande tendrás múltiples opciones para elegir; simplemente vas a la tienda y escoges todos los equipos desde el principio para que estén equilibrados, y poco más tienes que hacer salvo configurarlos en casa.
Pero si no cuentas con suficiente la cosa se complica, sobre todo ahora que los equipos multicanal cada vez necesitan más y más altavoces para poder ofrecer todo su potencial. Y claro, aquí una de las tendencias más frecuentes que te podrán recomendar es la siguiente: no importa que no puedas comprarlo todo de golpe. Empieza por lo esencial y luego más adelante vas añadiendo cosas.
En teoría es una gran sugerencia, y yo mismo la he llevado a cabo con buenos resultados. Pero para ello es necesario tener siempre una cosa en mente: todos los equipos deben ser más o menos de la misma gama y características. Y no porque los altavoces tengan timbres diferentes unos de otros, que eso es asumible, sino porque muchas veces pretendemos reutilizar equipos que no están a la altura y al final acaban por empeorar el conjunto.

Imagen: Max Vakhtbovych
Por ejemplo, no es la primera vez que alguien me comenta su intención de comprar tres altavoces buenos para el frontal y luego reutilizar o comprar unos altavoces de muchas menores prestaciones para la parte de atrás y los canales de efectos Atmos, ya que «como solo son para reproducir ecos y efectos es suficiente». Esto dejó de ser cierto hace años, ya que las pistas de sonido actuales colocan más que ecos por los canales traseros.
De hecho, muchas veces posicionan voces, música y efectos complejos que necesitan un altavoz de calidad para sonar bien y no uno que no cuente con potencia suficiente y distorsione. En mi opinión, si no tenemos presupuesto es mejor esperar y disfrutar de un buen sonido 2.1 o 3.1 que mezclar altavoces buenos con malos, ya que al final el peor de todos es el que dominará sobre el resto causando distorsiones y emborronando la mezcla total.
Algo similar sucede con las barras de sonido que se puede ir ampliando. Parece muy cómodo y te lo venden como una gran ventaja: te compras la barra ahora y luego, más adelante cuando puedas permitírtelo, añades más altavoces compatibles o algún subwoofer. Y en efecto es una gran idea si lo haces en poco tiempo, pero si dejas pasar varios años aquí el problema puede venir de que no encuentres estos altavoces para ampliar y tengas que volver a empezar desde cero.
Cuidado con los altavoces diminutos
Otro de los problemas más frecuentes con los sistemas multicanal que tienen altavoces de efectos físicos reales es no apostar porque estos sean de dimensiones adecuadas, una tendencia que nos viene de los primeros sistemas surround domésticos donde pequeños cubos para altavoces traseros se acompañaban de subwoofers enormes.
Ahora la situación sigue repitiéndose y los altavoces frontales suelen ser de mayor tamaño y prestaciones que los traseros, tanto en los conjuntos home cinema con en muchas barras. ¿Es esto malo? Pues básicamente es una opción para ahorrar costes que al final acaba repercutiendo en la calidad de sonido.

Imagen: Klipsch
Es cierto que una de las misiones principales del subwoofer es ofrecer un sonido de baja frecuencia que cubra el espectro inalcanzable por los altavoces convencionales de nuestro home cinema. Pero si llevamos esta situación al extremo y hacemos recaer toda la tarea de reproducción en el subwoofer cortando demasiado alto, además de un sonido con deficientes frecuencias medias difíciles de localizar en la sala tendremos un altavoz que probablemente tenga que trabajar en exceso.
Esto da como resultado un sonido con mayor nivel de distorsión a volúmenes elevados que empobrecerá la respuesta general del equipo. Además, con un solo subwoofer será prácticamente imposible lograr una respuesta plana, por lo que tendremos lugares de la sala con muchos graves y otros prácticamente sin ellos.
Es el caso de muchos kit de cine en casa y de barras de sonido que prometen audio envolvente real con altavoces traseros o Dolby Atmos diminutos. Sí, es cierto que consiguen recrear un cierto sonido envolvente, que los helicópteros van volando detrás del espectador y que los dinosaurios rugen tras nuestras cabezas.
Pero la realidad es que cuando lo comparas con un equipo con altavoces traseros de tamaño «normal» (con drivers de más de 5 pulgadas por lo menos), la calidad en la inmersión es completamente diferente, frecuencias medias-graves definidas y bien dirigidas desde el canal que corresponda y no un batiburrillo de sonidos que nos sabemos muy bien de dónde proceden.
Barras de sonido con subwoofer externo: sí, si está cerca

Imagen: Bose
El enorme subwoofer o altavoz de graves suele ser el que más problemas nos da a la hora de colocarlo en nuestras salas por sus dimensiones y porque no es fácil encontrar el punto de escucha dulce. A pesar de que lo ideal es ubicarlo en la zona frontal, junto a los altavoces izquierdo o derecho, no es raro encontrarnos con que no tenemos espacio y debemos situarlo en un lateral lejano o incluso detrás del espectador.
Habitualmente se recomienda configurarlo con una frecuencia de cruce de unos 80 Hz, pero si tenemos altavoces muy pequeños seguramente tengamos que subir esta frecuencia a más de 100 o incluso 150 o 200 Hz, algo que sucede con la gran mayoría de barras de sonido que vienen así configuradas de fábrica sin que podamos cambiarlo.
El problema es que por encima de unos 80-100 Hz el sonido empieza a ser direccional. Esto significa que vamos a poder distinguir de donde vienen esas frecuencias con lo que si colocamos el subwoofer lejos de la barra o altavoces notaremos un desfase y sobre todo una pérdida de realismo, ya que los medios y agudos parecerán proceder de un sitio (de la barra) y los graves de otro (del subwoofer).
Es un problema muy frecuente con las barras de sonido que compramos como solución a la falta de espacio junto a la tele. No nos cabe otro tipo de equipo ni altavoces más grandes y ponemos una barra con un subwoofer externo que luego hay que colocar en el rincón opuesto del salón.
Como consecuencia tendremos un sonido poco impactante y alejado de la realidad que empobrecerá mucho las capacidades de nuestro equipo. También una pobre imagen estéreo, ya que nos dará la impresión de que todas las bajas frecuencias de ambos canales proceden del mismo sitio, perdiendo imagen estéreo en la reproducción musical.
La solución teórica es sencilla: colocar el subwoofer cerca de la barra de sonido, como mucho a un metro o metro y medio de esta. Si no podemos hacerlo, quizá nos convenga más un modelo sin subwoofer aparte.
Imagen portada | Avinash Kumar
En Xataka Smart Home | No, no deberías poner el subwoofer de tu barra de sonido en cualquier rincón del salón: consejos para lograr la mejor calidad sonora
–
La noticia
Para que un home cinema o barra de sonido te dé un audio «de cine», no todo vale. Estos errores harán que no alcance su máximo potencial
fue publicada originalmente en
Xataka Smart Home
por
Paco Rodríguez
.