Las toallas de baño acumulan agua en sus fibras cada día, así que no debería sorprender que empiecen a oler a humedad aunque hayan pasado por la lavadora hace apenas 48 horas. El detergente limpia la suciedad visible, pero no siempre elimina del todo lo que provoca ese olor.
Además del truco de hoteles para dejarlas suaves que ya contamos hace tiempo, el vinagre blanco tiene una segunda función menos conocida: acabar con las bacterias responsables del mal olor, no solo con la rigidez del tejido.
Por qué las toallas huelen aunque parezcan limpias
El algodón retiene agua entre sus fibras más tiempo del que parece a simple vista, y esa humedad favorece que bacterias y hongos se reactiven cada vez que la toalla vuelve a mojarse, aunque el lavado anterior haya sido correcto.
A eso se suma el propio suavizante comercial, que con el uso repetido deja una capa que atrapa la humedad dentro del tejido en lugar de dejarla salir, justo lo contrario de lo que promete su etiqueta.
Cómo añadir el vinagre en el lavado

El proceso es sencillo: se reduce ligeramente la cantidad de detergente habitual, se vierte media taza de vinagre blanco directamente en el compartimento del suavizante o en el tambor, y se elige un ciclo con agua templada o caliente, siempre que la etiqueta de las toallas lo permita.
Si el olor ya se ha instalado y no basta con el ciclo normal, otra opción es dejar las toallas en remojo con agua caliente y vinagre durante una hora antes de meterlas en la lavadora, un paso extra que ayuda a que el ácido actúe directamente sobre las fibras antes de que empiece el centrifugado.
Terminado el lavado, conviene secarlas por completo antes de guardarlas, porque un secado a medias es la forma más rápida de que el olor a humedad vuelva a aparecer al día siguiente. Tender las toallas en un lugar ventilado, en lugar de amontonarlas todavía húmedas en la secadora o en un armario cerrado, marca casi tanta diferencia como el propio vinagre.
Cada cuánto conviene hacerlo
Aquí está el matiz que más se pasa por alto: el vinagre no sustituye al detergente en cada colada, sino que funciona como un lavado de mantenimiento que basta con repetir una vez al mes.
Usarlo cada semana no mejora el resultado y sí puede acabar afectando a la sensación de las fibras a largo plazo. Tampoco conviene pasarse de una taza por carga ni mezclarlo nunca con lejía, una combinación que libera gases irritantes.
Cuando el problema persiste después de aplicar el truco, suele estar en la propia lavadora y no en las toallas. El tambor y las gomas acumulan restos de detergente y cal con cada uso, así que conviene revisar cómo limpiar la lavadora y sus juntas de goma sin dañarlas con la misma periodicidad mensual, además de dejar la puerta abierta tras cada lavado para que el tambor se seque bien.
El vinagre ayuda, pero el verdadero enemigo del mal olor sigue siendo la humedad que se queda atrapada, ya sea en la toalla o dentro de la propia lavadora.
Imágenes | Pexels
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La noticia
Salen más suaves, pero sobre todo sin malos olores: el truco del vinagre en la lavadora para limpiar mejor las toallas
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Xataka Smart Home
por
Manuel Naranjo
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