En muchas ocasiones, al hablar del problema de la vivienda, vemos noticias sobre pisos minúsculos. Pero ¿se vive siempre mal en un piso pequeño? Esta familia dio el salto a una vivienda de una sola habitación y, lo más llamativo, es que están muy contentos.
Tras varias mudanzas, ella decidió instalarse con su pareja en un piso de tres habitaciones en el que vivían junto a los dos hijos de él. Sin embargo, ella también tenía un piso de una sola habitación al que, por circunstancias, han tenido que regresar. Y, según cuenta, todos serían ahora más felices.
Julia Clarke, que así se llama, explica cómo es la vida con su pareja y con los hijos de este, que conviven con ellos en semanas alternas. Ahora, de forma temporal, y debido a una intervención quirúrgica de la madre, todos están viviendo en un piso de una sola habitación.
De hecho, para ganar algo más de espacio, lo que hicieron fue transformar el salón-comedor en un segundo dormitorio. Así lograron adaptarse a una vivienda más pequeña. Y ella misma explica cuáles han sido las diferencias.
“Pensaba que la mudanza supondría un sacrificio para todos, pero en muchos sentidos, vivir en un espacio más pequeño ha mejorado mucho nuestras vidas”.
En sus planes iniciales estaba comprar una casa más grande en el barrio, pero se toparon con un problema: el presupuesto no les cuadraba. Por eso tuvieron que adaptarse al espacio que les ofrecía su antiguo estudio.
Según cuenta, aunque ahora están contentos, el cambio ha supuesto un proceso de adaptación. Los niños, explica, estaban acostumbrados a encerrarse en sus cuartos durante horas y, de repente, pasaron a compartir una habitación que también utilizan para comer.
Más tiempo de calidad juntos. Ese es, precisamente, el aspecto positivo que han sacado de este cambio. Como ella misma afirma, en lugar de hacer vidas separadas dentro de un mismo piso, ahora comparten mucho más tiempo en familia.
“Resulta que el espacio extra que teníamos en nuestro apartamento más amplio significó que pasábamos menos tiempo de calidad juntos en familia. En cuanto nos mudamos, nos dimos cuenta de lo mucho que nuestros hijos se benefician de la conexión cuando la soledad no es una opción”.
Como cuenta, la tecnología también les echa una mano. Si en algún momento alguno necesita un rato de desconexión, siempre están ahí las pantallas individuales y los auriculares. Aun así, lo más habitual es que acaben todos juntos en el sofá viendo una serie.
Una medida contra el desorden. Tener hijos adolescentes y mantener el orden no son dos cosas que, por lo general, suelan ir de la mano. Sin embargo, con este cambio, según Julia, también han salido ganando en ese aspecto.
“Vivir en un apartamento enorme significaba que teníamos más lugares para esconder cosas con las que no queríamos lidiar, y más superficies para cubrir con juguetes y ropa sucia”.
Ahora han ganado en orden, aprovechando estanterías y soluciones de almacenaje, y sobre todo, organizándose mejor: “el gran cambio fue llevarnos solo lo estrictamente necesario: la ropa de temporada, los utensilios de cocina de uso diario y los libros de los que no podíamos separarnos. Todo lo demás lo donamos, lo vendimos o lo llevamos a reciclar”.
Este cambio les ha servido para descubrir que se necesita muy poco para ser feliz. “Apenas hay cosas por el medio con las que tropezar o por las que discutir, por lo que la casa siempre transmite paz y es fácil relajarse en ella”.
No todo es de color de rosa. Y es que Julia también cuenta que hay inconvenientes generados por la falta de privacidad e independencia, pero admite que al final, poniendo todo en la balanza, las ventajas superan con creces a los inconvenientes.
Vía | Business Insider
Imagen portada | Business Insider
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La noticia
Esta familia de cuatro personas se ha mudado y viven en una habitación: “hemos descubierto que se necesita muy poco para ser feliz”
fue publicada originalmente en
Xataka Smart Home
por
Jose Antonio Carmona
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