Estamos ya en pleno verano, la época más calurosa del año, al menos en el hemisferio norte. Una estación en la que no solo cuesta soportar el sol en la calle, sino también las elevadas temperaturas que se acumulan dentro de casa y que ponen a prueba nuestra resistencia y nuestro ingenio.
Está claro que sobrellevar el verano resulta mucho más sencillo con un buen sistema de climatización. Sin embargo, no todo el mundo puede utilizar un aire acondicionado, ya sea por motivos económicos, por problemas de salud o porque su vivienda no permite instalarlo fácilmente.
También conviene recordar que nuestros abuelos pasaron muchos veranos sin aire acondicionado y, en numerosos casos, ni siquiera tenían un ventilador. ¿Cómo conseguían soportar el calor? Recurriendo al saber popular y a una serie de trucos sencillos como los que vamos a repasar.
Índice de Contenidos (8)
Ventilar la casa en el momento adecuado

No contar con aire acondicionado no significa que tengamos que resignarnos a vivir en una casa sofocante. El primer consejo, que todavía recuerdo de mi abuela, consiste en ventilar correctamente.
Era otra época, pero aún recuerdo cómo me decía: «Abre las ventanas, que entre la gracia de Dios». Y lo cierto es que abrirlas a primera hora de la mañana permite renovar el aire y refrescar el ambiente durante el momento del día en el que, por regla general, las temperaturas son más bajas.
También podemos ventilar al final de la tarde o durante la noche, siempre que la temperatura exterior sea inferior a la del interior. Lo ideal es abrir ventanas situadas en fachadas opuestas para crear una corriente de aire que atraviese la vivienda y ayude a expulsar el calor acumulado.
¿Tienes un toldo? Aprovéchalo

Durante las horas más calurosas debemos cerrar ventanas, bajar persianas, correr cortinas y, siempre que sea posible, aprovechar el toldo.
Las persianas y las cortinas reducen la entrada de radiación solar, pero los sistemas de protección exterior son todavía más eficaces, ya que frenan el calor antes de que llegue al cristal.
Por eso es recomendable bajar el toldo antes de que el sol incida directamente sobre las ventanas. No hay que esperar a que la habitación ya esté caliente, puesto que entonces parte de ese calor habrá entrado y se habrá acumulado en paredes, muebles y suelos.
Además, el espacio que queda entre la lona y la fachada contribuye a mantener la radiación solar alejada de la ventana. Al caer la tarde, cuando el sol deje de incidir sobre esa zona, podremos recogerlo para favorecer la ventilación.
En caso de instalar uno nuevo, y siempre que la comunidad de propietarios lo permita, los colores claros suelen absorber menos radiación solar que los tonos oscuros.
Cuida el aislamiento

Las ventanas pueden convertirse en nuestras principales aliadas para impedir que el calor entre en casa. Los cerramientos modernos, con vidrios de baja emisividad y cámaras rellenas de gas argón, ofrecen un aislamiento térmico mucho mejor que el de las ventanas antiguas.
También puede resultar útil contar con perfiles de PVC o aluminio con rotura de puente térmico y persianas con lamas aislantes. Todo el conjunto contribuye a reducir el intercambio de temperatura entre el interior y el exterior.
Si tienes ventanas antiguas por las que se filtran el frío y el calor, tendrás más dificultades para mantener una temperatura estable. Aun así, puedes mejorar su comportamiento revisando las juntas, los marcos y los cajones de las persianas.
Cuando existen grietas o pequeñas filtraciones, especialmente en cerramientos de madera, se pueden utilizar burletes, masillas o materiales selladores adecuados. De esta forma evitaremos que entre aire caliente y que se escape el frescor acumulado durante la noche.
Utiliza luces LED

La iluminación también influye en la temperatura de una vivienda, especialmente cuando se emplean bombillas incandescentes o halógenas. Basta con acercar la mano a una de estas bombillas para comprobar la cantidad de calor que desprenden. Gran parte de la electricidad que consumen se transforma en calor en lugar de convertirse en luz.
Las bombillas LED son mucho más eficientes, consumen menos energía y generan menos calor. Sustituir progresivamente la iluminación tradicional por luces LED puede reducir ligeramente la temperatura de las habitaciones y, de paso, ayudar a rebajar la factura eléctrica.
Apuesta por los colores claros
Los colores también influyen en la cantidad de radiación solar que absorben las superficies. Los tonos claros reflejan una mayor proporción de luz, mientras que los oscuros tienden a acumular más calor.
Si tienes previsto pintar la vivienda y encaja con la decoración, puede ser interesante utilizar colores claros en las paredes más expuestas al sol. La misma idea puede aplicarse a fachadas, puertas, persianas y otros elementos exteriores, siempre que la normativa y la comunidad de propietarios lo permitan.
Además de reflejar mejor la luz, los tonos blancos y neutros generan una mayor sensación visual de amplitud y frescor.
Reduce el uso de los aparatos eléctricos

El frigorífico, el horno, el lavavajillas, la lavadora, el televisor, el ordenador o la videoconsola desprenden calor mientras están funcionando. Si utilizamos varios aparatos al mismo tiempo, la temperatura interior puede aumentar de forma apreciable.
En algunos casos no podemos evitarlo. El frigorífico debe permanecer siempre encendido y el horno resulta necesario para preparar determinadas comidas. Sin embargo, podemos organizar mejor el uso de otros electrodomésticos.
Por ejemplo, es preferible poner la lavadora o el lavavajillas durante las horas más frescas del día. También conviene apagar completamente el televisor, el ordenador, la consola y otros dispositivos cuando no se estén utilizando.
El horno es uno de los aparatos que más calor genera. Durante el verano puede ser buena idea recurrir a recetas frías, utilizar electrodomésticos más pequeños o cocinar varias comidas de una vez para reducir el número de veces que lo encendemos.
La campana extractora también puede ayudar a evacuar parte del calor, el vapor y los olores que se producen al cocinar. Para que resulte eficaz, conviene encenderla unos minutos antes de empezar y mantenerla funcionando durante un breve periodo después de terminar.
Aprovecha las zonas más frescas de la vivienda
Este consejo resulta especialmente útil para quienes viven en casas de varias plantas o en pisos con habitaciones orientadas en distintas direcciones.
A lo largo del día podemos trasladar nuestras actividades a las estancias menos castigadas por el sol. Se trata de adaptar temporalmente nuestros hábitos y evitar permanecer en una habitación sobre la que está incidiendo directamente la radiación solar.
Las paredes, los muros, los suelos y los muebles acumulan calor durante horas y lo liberan lentamente. Por eso puede resultar difícil dormir en un dormitorio que ha recibido el sol durante toda la tarde.
En las casas de varias plantas, las habitaciones inferiores suelen ser más frescas, ya que el aire caliente tiende a ascender. También podemos aprovechar las zonas orientadas al norte o aquellas que permanecen en sombra durante la mayor parte del día.
Las plantas pueden ayudar

La vegetación puede contribuir a crear espacios más agradables. En jardines, patios y balcones, las plantas proporcionan sombra, reducen la incidencia directa del sol sobre algunas superficies y liberan humedad mediante la transpiración.
Los árboles, las plantas trepadoras y los ejemplares de mayor tamaño pueden ser especialmente útiles para proteger paredes y ventanas, siempre que estén colocados de forma adecuada.
En verano conviene regarlas durante las primeras horas de la mañana o al anochecer. Así se reduce la evaporación y las plantas pueden aprovechar mejor el agua. Además, humedecer la tierra y las superficies exteriores puede generar una ligera sensación de frescor en patios y balcones.
Eso sí, en interiores no conviene abusar del riego ni aumentar excesivamente la humedad, especialmente en viviendas poco ventiladas.
En definitiva, se trata de una serie de consejos basados, en muchos casos, en la experiencia y en el saber popular. Medidas sencillas que pueden ayudarnos a reducir el calor en casa y que, en la mayoría de los casos, no requieren realizar un gran desembolso.
La clave no consiste únicamente en intentar enfriar la vivienda, sino en evitar que el calor entre y se acumule durante las horas centrales del día.
En Xataka SmartHome | Voy a poner un aire acondicionado en casa. Que sea legal y funcione bien depende de tener controlado todo esto
–
La noticia
Cómo mantener la casa fresca sin poner el aire acondicionado: los trucos tradicionales que siguen funcionando
fue publicada originalmente en
Xataka Smart Home
por
Jose Antonio Carmona
.














































