Durante meses he dado por hecho que mi pareja exageraba. Poníamos el aire acondicionado a 24 grados en el salón y, mientras yo notaba un alivio inmediato, ella terminaba con una manta sobre las piernas antes de que pasara media hora. Llegué a pensar que era cuestión de costumbre, o simplemente de aguante.
La explicación, sin embargo, no tiene nada que ver con la fuerza de voluntad. Un estudio reciente sobre usuarios de aire acondicionado en España señala que casi nueve de cada diez personas que lo usan asocian su funcionamiento a algún tipo de molestia física, y la corriente directa de aire es la queja más repetida, sobre todo de noche. Pero antes de llegar a la solución, conviene entender por qué dos cuerpos en la misma habitación pueden pedir cosas tan distintas.
El metabolismo decide buena parte del frío que sientes
Varios estudios sobre confort térmico, incluido uno publicado en PNAS por investigadores de los Institutos Nacionales de Salud de EEUU, coinciden en algo: lo que más influye en la temperatura ideal de una persona no es su sexo, sino la combinación entre tasa metabólica, composición corporal y porcentaje de grasa. Quien tiene más masa muscular genera más calor en reposo y, por tanto, tolera mejor el frío. Quien tiene menos, lo siente antes y con más intensidad.

Esto explica por qué, en términos estadísticos, las mujeres suelen reportar más frío que los hombres en la misma habitación: de media, su masa muscular es menor y su tasa metabólica también, lo que se traduce en una temperatura de confort entre uno y dos grados y medio más alta.
No es una percepción exagerada ni un capricho. Es una diferencia fisiológica medible, que además se acentúa en los extremos de la habitación: las manos y los pies, al recibir menos prioridad de riego sanguíneo, se enfrían antes que el resto del cuerpo.
La ropa y la postura frente al chorro de aire también cuentan
A esa base fisiológica se le suman factores que cambian cada día. La ropa que se lleva puesta, la posición respecto a la salida de aire o incluso si se ha comido algo caliente justo antes, influyen en cómo se percibe la misma temperatura.
Quien está sentado justo bajo el chorro de un split convencional nota el frío de forma muy distinta a quien está al otro lado del salón, aunque el termostato marque lo mismo para los dos.
Por qué la función WindFree cambia la conversación en casa
Aquí es donde entra en juego un matiz importante en la propia tecnología del aparato. La queja de «demasiado frío» casi nunca tiene que ver con la temperatura programada, sino con la corriente directa que golpea a quien está más cerca o más expuesto.
Samsung lleva años trabajando esa idea con su gama WindFree, que reparte el aire a través de miles de microorificios en lugar de lanzarlo en un chorro concentrado. El resultado es una velocidad de circulación tan baja que el cuerpo apenas la detecta como corriente, aunque la habitación siga enfriándose.
Eso no iguala el metabolismo de dos personas, pero sí elimina una variable que agravaba el conflicto: ya no hay un punto exacto de la habitación donde el aire «pega» más fuerte. La función AI Auto Comfort de los aires acondicionados Samsung, además, ajusta automáticamente el reparto según las condiciones del ambiente, sin que nadie tenga que estar cambiando el ángulo de las lamas a cada rato.
Sigo sin tener el mismo termostato interno que mi pareja, y probablemente nunca lo tendremos. Pero entender que detrás de esa discusión por el mando hay una explicación fisiológica, y no una cuestión de carácter, ha cambiado por completo cómo afrontamos el calor en casa.
Imágenes | Dall-E con edición
En Xataka Smart Home | Qué tipo de aire acondicionado es mejor para mi casa: ventajas e inconvenientes de cada modalidad
En Xataka Smart Home | Esta pintura quiere que ahorremos en aire acondicionado: promete bajar la temperatura 5ºC sin gastar energía
–
La noticia
Si tú tienes calor y tu pareja frío con el aire acondicionado puesto, la ciencia explica por qué y también cómo solucionarlo
fue publicada originalmente en
Xataka Smart Home
por
Manuel Naranjo
.
