Hace poco apareció un estudio que mostraba que en España ya hay más hogares con mascotas que con niños. Una tendencia que sirve como muestra de cómo los animales de compañía han conquistado nuestros hogares. Y nuestra cama es una zona más entre sus dominios. Lo que ocurre es que ahora hemos descubierto los efectos secundarios que tiene.
Hasta hace muy poco tiempo, pensábamos que no era malo compartir cama con nuestra mascota. Aunque es algo que depende del momento y de cada cultura, en Occidente hemos vivido durante años bajo mitos relacionados con la “dominancia” y la psicología canina. Ahora sabemos mejor lo que supone compartir la cama con nuestras mascotas.
Con el paso del tiempo, han aparecido estudios que muestran lo que de verdad implica dormir con una mascota. Y ojo, porque es algo que no se puede pasar por alto si tenemos en cuenta la presencia de animales en casa y cómo, según estudios (Albert y Bulcroft; Westgarth y otros; Overgaauw), aproximadamente, la mitad de las personas que tienen perros o gatos —nuestros compañeros de piso más habituales— deciden compartir la cama con ellos.
Las personas que tienen mascota la consideran un miembro más de la familia, y no es de extrañar que desarrollen un gran sentimiento de apego hacia ella y la vean como una parte fundamental de su vida. Como dice Smith, esto no es gratuito: aportan cariño, seguridad y apoyo emocional, factores que se traducen en beneficios reales y tangibles para nuestra salud mental y física.
Es muy habitual compartir cama con la mascota, aunque esto depende también, en parte, del tamaño del animal: los porcentajes de dueños que duermen con sus chihuahuas o Yorkshire terriers superan el 60% y el 70%, respectivamente. En cambio, las cifras bajan —entre un 18% y un 30%— cuando hablamos de razas grandes o gigantes, como los san bernardos o los labradores.
Más si son mujeres o niños. Además del tamaño, la estadística señala que es más habitual que las mascotas duerman en la cama si sus dueños son mujeres o si no hay niños pequeños en casa y que los perros molesten menos al dormir, que los gatos.
¿Cuáles son los inconvenientes?

Dicho todo esto, y aunque parece que todo es positivo, hay estudios que han demostrado que dormir con una mascota, ya sea un perro o un gato —los cito por ser los animales más habituales—, también presenta inconvenientes.
El primero de ellos, y además lo menciono porque lo sufro a diario, está relacionado con las interrupciones del sueño. Un alto porcentaje de los dueños que duermen con mascotas cuenta que estas los despiertan alguna vez durante la noche; ya te digo que, en mi caso, más de una. De hecho, así lo desvela un estudio de la Clínica Mayo que encontró que el 53% de los dueños de mascotas que dormían con ellas, tenía problemas derivados de ello.
Esto suele ocurrir por las diferencias en la temperatura corporal o porque sus ciclos de sueño no coinciden con los nuestros. No obstante, hay un truco para evitarlo: que la mascota duerma en su propia cama, aunque comparta la misma habitación.
Además, existen riesgos para la salud, especialmente en el caso de aquellos dueños que no tienen a su mascota correctamente vacunada e higienizada, o que no la llevan de forma regular al veterinario. Dormir con una mascota aumenta el riesgo de sufrir alergias, neumonitis por hipersensibilidad, asma y, en los casos más extremos, infecciones, además de posibles arañazos fruto de enfermedades infecciosas asociadas a las mascotas (Plaut, Zimmerman y Goldstein). Es una problemática que puede afectar especialmente a embarazadas, niños y personas con el sistema inmunitario debilitado, que deben tener más precaución.

A estos problemas se suman posibles cambios en el comportamiento. Según detallan algunos expertos cómo Jagoe y Serpell, permitir que los perros duerman en nuestra cama podría fomentar, en algunos casos, una actitud de protección excesiva o problemas de ansiedad por separación.
Y, para terminar, no se puede obviar que dormir con la mascota en la misma cama puede provocar roces en la pareja (Jagoe y Serpell). Un animal en la cama puede restar espacio, reducir la intimidad y llegar a convertirse en un foco de estrés o discusión.
Entonces, ¿es buena idea dormir con ellos?
En resumen, los expertos han comprobado que el impacto real en la calidad de nuestro descanso (como tardar un poco más en dormirnos) es bastante leve. Por el contrario, los beneficios psicológicos, la sensación de bienestar y la seguridad que nos proporcionan compensan con creces esas pequeñas desventajas.
Al final, la ciencia le da la razón al sentido común: si tu compañero peludo está sano, limpio y bien educado, dormir juntos no solo no supone un problema, sino que puede ser una experiencia inmensamente positiva.
Foto de portada | Vadym Blakyta
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La noticia
Pensábamos que dormir con nuestro perro o gato era buena idea. La ciencia demuestra que destroza tu sueño por las noches
fue publicada originalmente en
Xataka Smart Home
por
Jose Antonio Carmona
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