Pocas plantas tienen fama de ser tan agradecidas como el romero. Aguanta el calor, apenas exige atención y crece en las condiciones más pobres del Mediterráneo. Y sin embargo, muchas macetas acaban con las ramas resecas y las hojas cayendo, para sorpresa de quien jura que la ha regado con cariño.
La explicación casi nunca está en la falta de cuidados, sino en el exceso de ellos. Antes de tirar la toalla con una planta que merece la pena mantener en casa, conviene repasar los fallos más repetidos, empezando por algo tan poco vistoso como la tierra del propio tiesto.
Índice de Contenidos (5)
Un sustrato compactado asfixia las raíces
El romero necesita una tierra muy suelta y bien aireada. Cuando el sustrato se apelmaza (algo que ocurre con más facilidad de lo que parece en macetas pequeñas), el agua deja de filtrarse correctamente y las raíces quedan comprimidas.
El resultado es que se pudren desde dentro, aunque por fuera la planta dé la sensación de estar simplemente seca. Airear la tierra cada quince días ayuda a evitarlo, y si el sustrato lleva tiempo endurecido, merece la pena cambiarlo y pasar la planta a una maceta algo más grande.

El riego, la trampa más habitual
Aquí está el error de fondo. El romero es una planta xerófila, adaptada a sequías largas y suelos secos, así que el problema no suele ser regar poco, sino regar de más.
La norma más sencilla es esperar a que el sustrato esté completamente seco antes de volver a echar agua. Cuando eso no se respeta y el riego se convierte en una rutina fija, es cuando las raíces empiezan a sufrir.
El abono, mejor poco y bien elegido
Fertilizar en exceso pasa casi tanta factura como el riego mal calculado. Basta con abonar cada seis meses aproximadamente, con una mezcla equilibrada de humus o compost y arena.
La arena no es un capricho: el romero procede de suelos mediterráneos pobres y arenosos, así que imitar ese entorno le sienta mejor que cualquier fertilizante potente aplicado todos los meses.

Sol directo, sin excusas
Es habitual meter el romero en el interior de la casa o dejarlo en una esquina con media sombra, pensando que así sufrirá menos. Es justo al revés. Cuantas más horas de sol directo reciba al día, más fuerte crece, y colocarlo en semisombra suele traducirse en tallos débiles y menos aromáticos con el paso de las semanas.
Plagas y hongos, la parte menos visible
Aunque el romero suele repeler otros insectos (hasta el punto de usarse para ahuyentar mosquitos y garrapatas del jardín), no es inmune a todo.
La araña roja se instala en el envés de las hojas y deja pequeñas telarañas y manchas oscuras; la cochinilla algodonosa aparece como un insecto blanco pegado a las ramas que debilita la planta poco a poco.
Los hongos, por su parte, casi siempre son consecuencia de lluvias intensas o de ese mismo exceso de riego: se detectan por hojas que amarillean o, en el caso de la Alternaria, por puntos negros. Podar la zona afectada y aplicar un fungicida orgánico suele bastar para frenarlo a tiempo.
Entre estos cinco factores, el patrón se repite: casi todos los errores nacen de tratar al romero como si fuera una planta delicada que necesita mimo constante, cuando en realidad su punto fuerte siempre ha sido justo lo contrario.
Imágenes | Directo al paladar
En Xataka Home | Esta bella planta tiene flores 10 meses al año. Lo mejor de todo es que sus cuidados son muy sencillos
En Xataka Home | Ni huerto ni jardín: estos son los árboles frutales que puedes cultivar en maceta en tu terraza o balcón
–
La noticia
Los jardineros coinciden: es más probable que tu romero se seque por exceso de agua que por falta de ella
fue publicada originalmente en
Xataka Smart Home
por
Manuel Naranjo
.
