Hay un momento muy concreto en el que una toalla deja de sentirse bien: sales de la ducha, la coges y, en lugar de esa sensación mullida de los primeros meses, notas una textura rígida, casi de cartón, contra la piel.
No es que la toalla se haya estropeado. Es la cal del agua y los restos de detergente acumulados lavado tras lavado y que con el tiempo va endureciendo las fibras de algodón hasta dejarlas ásperas.
La solución que ha ido ganando adeptos últimamente no requiere comprar nada especial ni cambiar de detergente: basta con incorporar tres cucharadas de bicarbonato de sodio a la colada, diluidas antes en un poco de agua templada.
Cómo se hace exactamente
El proceso es tan sencillo que cabe en una frase: se disuelven las tres cucharadas de bicarbonato en medio vaso de agua tibia y esa mezcla se vierte en el compartimento del suavizante de la lavadora, justo antes de arrancar el programa de siempre. No hace falta tocar la cantidad de detergente habitual ni cambiar la temperatura de lavado.
El motivo por el que funciona tiene que ver con el pH. El bicarbonato ayuda a equilibrarlo dentro del tambor, lo que facilita que se disuelvan mejor tanto la cal como los restos de detergente que quedan atrapados entre las fibras. Es precisamente esa acumulación, y no el número de lavados en sí, la que va cerrando poco a poco los poros del tejido y haciendo que la toalla pierda esponjosidad.

Por qué no basta con echar más suavizante
Aquí suele estar el error más habitual: pensar que si la toalla sale áspera, la solución es añadir más suavizante. Es justo al contrario. El suavizante convencional deja una fina capa de residuo sobre la fibra que, con lavados sucesivos, termina siendo parte del problema en lugar de la solución, porque reduce la capacidad de absorción del tejido, además de aportar esa rigidez que se quiere evitar. El bicarbonato actúa de forma distinta: en vez de recubrir la fibra, disuelve lo que ya se ha quedado pegado a ella.
Tampoco conviene culpar únicamente a la secadora cuando las toallas empiezan a notarse duras. Como veíamos al repasar por qué las toallas de playa acaban ásperas después del verano, el calor no es el principal responsable: lo es todo lo que se ha ido incrustando en el tejido lavado tras lavado sin llegar a eliminarse del todo.
Con qué frecuencia conviene repetirlo
No hace falta aplicar el truco en cada colada para notar la diferencia. Basta con incorporarlo una vez cada dos o tres lavados de toallas para mantener la fibra despejada de residuos sin necesidad de convertirlo en rutina fija. En zonas con agua especialmente dura, donde la cal se acumula más rápido, sí puede merecer la pena hacerlo con algo más de frecuencia.
Quien quiera combinarlo con otros trucos ya conocidos puede alternar el bicarbonato con vinagre blanco en ciclos distintos, aunque conviene no mezclar ambos productos en el mismo lavado: cada uno actúa mejor por separado. Lo que sí compensa es tener paciencia, porque el resultado no se nota tras una sola colada, sino después de varios lavados seguidos, cuando la fibra por fin queda libre de todo lo que se había ido quedando pegado a ella con el paso de los meses.
Imágenes | Dall-E con edición
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La noticia
Con añadir tres cucharadas a tu colada es suficiente: tus toallas quedarán como nuevas y muy suaves
fue publicada originalmente en
Xataka Smart Home
por
Manuel Naranjo
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