Puede que en alguna ocasión te hayas enfrentado a un problema similar. De hecho, a mí me acaba de pasar hace unos días: ir a prepararme un delicioso café y notar cómo el sabor no era el esperado (vamos, que sabía fatal). Y aunque en principio pensé que era culpa del café, al final el responsable era la cafetera.
Todo ocurrió durante unos días de descanso este verano, cuando fui a echar mano de la cafetera en el piso en el que estaba pasando unos días. Era un café normal, descafeinado, con leche y sin ningún tipo de estridencia. El problema es que, al beber el primer sorbo de la taza, noté que no estaba como debería.
El truco para que salga perfecto
Ya sea levantándose cuando el sol aún no ha salido o con un agradable despertar veraniego, el café es un fijo para muchas personas (sí, también descafeinado). En casa tenemos una cafetera superautomática, pero estos días de descanso hemos vuelto a usar la clásica cafetera italiana y es aquí cuando me encontré con el problema: el café sabía mal.
Hacía mucho tiempo que no volvía a usar una cafetera italiana, la clásica de toda la vida inventada por Luigi Di Ponti y patentada por Alfonso Bialetti. El café en una de ellas no tiene ningún secreto, pero, para que no haya ningún problema, hay que prestar atención a dos pequeñas piezas que quizás pasan desapercibidas.
La cafetera italiana está formada por varias piezas que se pueden separar fácilmente para desmontarla y todas son igual de importantes: el depósito inferior, el embudo o filtro para el café y el recipiente superior. Pero es que además hay dos elementos pequeños pero fundamentales para que funcione correctamente: una junta de silicona, encargada de garantizar un cierre adecuado y conservar la presión, y un filtro que queda sujeto a la parte superior gracias a esa misma junta.
Y aunque parecen las más inofensivas, son quizás las más importantes y, por eso, hay que prestarles mucha atención, algo que no hice al ser un alojamiento temporal. Su importancia es total porque, a base de preparar cafés y cafés, estas piezas, si no se limpian, terminan acumulando los restos orgánicos y la cal del agua, lo que terminará provocando su deterioro o incluso haciendo que se pudran. Da igual que el café sea de la mejor calidad: para apreciarlo, la cafetera debe estar totalmente limpia y en perfecto estado.
Lo mejor de todo es que cambiarlas es sumamente fácil: puedes usar las manos o un cubierto de cocina para extraerlas y limpiarlas a fondo y, en caso de que estén demasiado estropeadas, como en mi caso, comprar unas nuevas. Y eso fue lo que hice: acercarme con la cafetera y las piezas a una ferretería de barrio de las de toda la vida y comprar una arandela de silicona y un filtro de silicona nuevos. Por muy pocos euros, la cafetera volvió a funcionar correctamente y pude disfrutar de nuevo del sabor del café.
Cómo limpiarla correctamente
Quizás has escuchado que no conviene limpiar una cafetera de este tipo porque la capa de café acumulada mejora el sabor, pero según los expertos, es un mito. Así, desde La Tienda del Café recomiendan seguir unos pasos para la limpieza correcta y evitar que se acumulen restos que pueden terminar oxidándose y enranciándose, lo que puede provocar precisamente que el café adquiera mal sabor.
- Después de cada uso, dejar enfriar la cafetera, desmontarla, retirar los posos y enjuagar todas las piezas con agua caliente.
- No utilizar jabón ni detergente y tampoco introducir la moka en el lavavajillas.
- Secar perfectamente cada pieza antes de volver a montarla para reducir la aparición de cal y oxidación.
- Revisar el filtro de vez en cuando, limpiando sus pequeños orificios con un cepillo de dientes si están obstruidos.
- Sacar la junta de goma o silicona de vez en cuando y limpiarla con un paño húmedo.
- Hacer una limpieza profunda periódica para eliminar la cal acumulada, utilizando un producto descalcificador y aclarando posteriormente con abundante agua.
Además, aconsejan emplear agua filtrada para reducir los depósitos de cal y advierte de que el agua embotellada no tiene por qué ser mejor, ya que algunas aguas minerales presentan una dureza elevada.
Imagen de portada | Thetravelgramist
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La noticia
Mi café sabía mal. Estaba a punto de tirarlo y descubrí que la culpa era de una pieza de la cafetera
fue publicada originalmente en
Xataka Smart Home
por
Jose Antonio Carmona
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