Cuando pensamos en construir una casa, lo normal es imaginar que está hecha con los materiales clásicos: ladrillos, bloques de hormigón, cemento, madera o acero. Lo que resulta mucho menos habitual es levantarla utilizando parte de los materiales recogidos previamente en una playa.
Eso es precisamente lo que hicieron Edna Dantas y su hija Maria Gabrielly en Brasil. Para ello utilizaron miles de botellas de vidrio abandonadas, que terminaron convirtiéndose en uno de los principales materiales de su vivienda.
El resultado se llama Casa de Sal (incluso está disponible en plataformas de alquiler y tiene perfil en Instagram), está situada en la isla de Itamaracá, en el estado brasileño de Pernambuco, y demuestra hasta qué punto es posible dar una segunda vida a materiales que normalmente acabarían convertidos en residuos y crear una casa sostenible. De hecho, la vivienda ronda los 70 metros cuadrados, cuenta con siete estancias y tiene unas 8.000 botellas de vidrio integradas en sus paredes.
De encontrar basura a levantar paredes
La historia comenzó cuando madre e hija se trasladaron a Itamaracá y se encontraron con un problema difícil de ignorar. En playas, manglares y terrenos de la zona aparecían continuamente botellas de vidrio abandonadas.
Para Edna, reutilizarlas no era una idea tan extraña como podría parecer. Había crecido en una familia acostumbrada a aprovechar materiales disponibles y, posteriormente, había trabajado durante años en cooperativas relacionadas con el reciclaje. Esa experiencia acabó siendo fundamental cuando decidió construir su propia vivienda.
Las obras comenzaron en 2020, en plena pandemia. El proyecto era mucho más modesto que la casa actual: el primer espacio servía como taller de costura y las condiciones iniciales estaban lejos de ser cómodas. Durante aquella etapa ni siquiera contaban con un baño convencional y tareas tan cotidianas como lavar los platos tenían que hacerse en una palangana.
Una de las partes más llamativas está en la técnica utilizada para construir los muros. Las botellas recuperadas se limpiaron y después se colocaron verticalmente dentro de las paredes, rodeadas de mortero.
Las botellas hacen de ladrillos y no están ahí únicamente como decoración. Ocupan buena parte de la superficie que en una construcción convencional correspondería a otros materiales y, en determinadas zonas, el vidrio permite además que pase la luz.
La cantidad necesaria da una idea de la escala del proyecto. Para julio de 2021 ya habían utilizado alrededor de 6.000 botellas y, con las sucesivas ampliaciones, la cifra integrada en la vivienda terminó acercándose a las 8.000 unidades. Durante la construcción y otras iniciativas llegaron a reunir aproximadamente
Y el vidrio no fue el único residuo que encontró una segunda oportunidad. Para algunas divisiones recurrieron a madera recuperada y palés, mientras que en la cubierta emplearon placas fabricadas industrialmente a partir de tubos de pasta de dientes reciclados. Algunos trabajos más complejos, como partes del suelo y del tejado, contaron además con la ayuda de vecinos.
De proyecto doméstico a alojamiento
Actualmente no solo sirve como vivienda. Edna y Maria Gabrielly la han convertido también en un escaparate de reciclaje, construcción sostenible y educación ambiental y reciben visitantes interesados tanto en el edificio como en el entorno de la isla.
Incluso es posible alojarse en ella mediante plataformas de alquiler turístico. Y pese a que su origen está estrechamente relacionado con la reutilización de residuos, su equipamiento dista bastante del de una vivienda improvisada. Entre otros servicios dispone de WiFi, cocina, televisión y cámaras de seguridad, además de estar situada junto a la playa.
Imagen portada | Instagram Casa de Sal
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La noticia
Una madre y su hija recogieron basura y construyeron una casa de siete habitaciones con unas 8.000 botellas de vidrio
fue publicada originalmente en
Xataka Smart Home
por
Jose Antonio Carmona
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