El hogar conectado se ha convertido en un vector relevante para la ciberseguridad residencial: el 85% de los sistemas infectados y controlados por ciberdelincuentes se asoció a dispositivos IoT domésticos, como televisores inteligentes, decodificadores o reproductores multimedia, según el ‘Balance de Ciberseguridad 2025’ del Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE).

El informe del INCIBE recoge que el organismo gestionó 122.223 incidentes de ciberseguridad durante 2025, un 26% más que en el ejercicio anterior, y detectó más de 237.000 sistemas vulnerables. En paralelo, el hogar español de 2026 incorpora una media de más de 20 dispositivos conectados a Internet, entre ellos televisores, termostatos, cámaras de vídeo, cerraduras inteligentes y asistentes de voz.
Los expertos de ADT advierten de que esta evolución obliga a abordar la protección de la vivienda desde una doble dimensión, física y digital. La compañía, con más de 150 años de experiencia en alarmas y seguridad electrónica, señala que los sistemas residenciales que no contemplen ambas capas ofrecen una cobertura incompleta frente a las amenazas actuales.
Dispositivos IoT y riesgos en el hogar conectado
El fenómeno no se limita al mercado español. El informe ‘Panorama de amenazas de ENISA 2025’, elaborado por la Agencia de la Unión Europea para la Ciberseguridad, identifica los dispositivos IoT como objetivos prioritarios para los ciberdelincuentes. El documento apunta a la falta de actualización de los sistemas y a la ausencia de una configuración segura como factores que incrementan la exposición de estos equipos en los hogares.
Estas debilidades permiten a los atacantes acceder a redes domésticas y operar desde ellas de forma encubierta. Ese acceso puede implicar el uso de los equipos comprometidos en ataques masivos y, además, abrir la puerta a información personal almacenada o transmitida a través de la red del usuario.
ADT sostiene que las soluciones de seguridad residencial deben diseñarse desde el origen para responder también a intentos de interferencia, manipulación o acceso no autorizado. Bajo este enfoque, la protección del hogar inteligente no se limita a detectar una intrusión física, sino que incorpora mecanismos para mantener la comunicación con los sistemas de supervisión incluso en escenarios de sabotaje.
Capacidades técnicas para reforzar las alarmas
Entre las funciones consideradas básicas figura la detección de inhibición, que permite identificar el bloqueo de señal entre los dispositivos instalados y el panel de alarma. Cuando se produce ese intento de interferencia, el sistema envía automáticamente una alerta a la Central Receptora de Alarmas (CRA), de forma que el sabotaje queda detectado antes de que el intruso pueda actuar.
Otra capacidad es la seguridad multivía, orientada a garantizar la continuidad de las comunicaciones con la CRA si un atacante intenta neutralizar uno de los canales de transmisión. Para ello, combina de forma redundante la comunicación móvil y la conexión cableada, de modo que el sistema mantiene el contacto con la central si una de las vías queda comprometida por intrusión, sabotaje o inhibición de señal.
La supervisión de líneas añade una comunicación permanente entre la CRA y el sistema de alarma para detectar cortes o sabotajes tanto en la línea telefónica como en la móvil. Si se interrumpen las comunicaciones, la ausencia de respuesta genera un aviso inmediato a las autoridades. La tecnología Crash Signal está concebida para que la CRA reciba la señal de alarma incluso si el panel de control resulta destruido. Tras una entrada en la vivienda, el sistema envía una señal de retraso de entrada y espera una desactivación posterior; si esta no llega porque el panel ha sido dañado, la central recibe la alerta automáticamente y contacta con las autoridades.
Plataformas como ADT Smart Security se enmarcan en este tipo de arquitectura, con visibilidad sobre el estado del sistema y avisos ante interferencias o accesos no autorizados. Oliver de la Rica, director general de ADT, indica que el hogar conectado ha ampliado los frentes de ataque y que muchos equipos domésticos pueden acabar participando en incidentes de seguridad sin que sus propietarios lo adviertan.
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