Encastrar el frigorífico y el horno queda muy bonito. El problema viene después y casi nadie te avisa

Encastrar el frigorífico y el horno queda muy bonito. El problema viene después y casi nadie te avisa

Al instalar una cocina en casa, una de las opciones que quizás te ofrezcan en la tienda en la que un «especialista» te asesora para que todo sea más práctico y estético, es la disposición de los electrodomésticos. Esto incluye la integración de elementos como el lavavajillas, la lavadora o, en este caso, los que nos interesan: el frigorífico y el horno.

El frigorífico o la nevera es un elemento esencial en cualquier cocina. En cuanto a los hornos, nos referimos tanto al microondas como al horno tradicional, que suelen colocarse juntos. Y como la estética también desempeña un papel importante, puede que te recomienden encastrar estos electrodomésticos en el mobiliario. Sin embargo, conviene tener cuidado, porque una instalación mal planificada puede generar un problema del que rara vez te advierten.

Lo que nadie te cuenta

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A la hora de diseñar una cocina, es habitual buscar que los electrodomésticos queden integrados en el mobiliario. Es decir, que estén encastrados o empotrados para conseguir un aspecto más uniforme y elegante. Desde el punto de vista estético, el resultado puede ser estupendo, pero hay algunos detalles que no conviene pasar por alto.

El problema es que instalar ciertos electrodomésticos en espacios demasiado ajustados puede provocar una serie de inconvenientes que, al principio, pasan desapercibidos. Y uno de los más importantes tiene que ver con el calor que generan durante su funcionamiento y con la forma en la que este se disipa.

Eso no significa que los electrodomésticos integrables sean una mala elección. De hecho, están diseñados para instalarse dentro del mobiliario, siempre que se respeten las condiciones de ventilación y las distancias que establece el fabricante. El problema aparece cuando estas necesidades no se tienen en cuenta al diseñar la cocina.

El problema del calor residual

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El problema que nos ocupa está relacionado con la gestión del calor residual. Es fundamental asegurarse de que haya suficiente espacio y una ventilación adecuada alrededor del frigorífico, el microondas o el horno empotrado, siguiendo siempre las instrucciones del fabricante.

La falta de ventilación puede afectar negativamente al rendimiento de estos electrodomésticos, hacer que funcionen de manera menos eficiente y, en determinados casos, provocar un mayor consumo de energía o reducir su vida útil.

Aunque en muchas instalaciones se deja espacio libre en la parte trasera para facilitar la ventilación, esto no siempre es suficiente. Dependiendo del modelo, puede ser necesario contar con entradas y salidas de aire en puntos concretos del mobiliario, como la parte inferior y superior del hueco. No todos los electrodomésticos necesitan el mismo sistema de ventilación.

Además, es habitual instalar muebles auxiliares junto al frigorífico o los hornos. Y aquí aparece otro inconveniente: el calor que desprenden estos aparatos puede transmitirse a los muebles contiguos, elevando la temperatura en su interior.

El calor residual es el calor que desprende un electrodoméstico durante su funcionamiento y el que puede seguir liberando después de apagarse. En el caso del frigorífico, además, hay que tener en cuenta que su sistema de refrigeración necesita expulsar al exterior el calor que extrae de los alimentos y del interior del aparato.

Cocina

Cuando ese calor no se disipa correctamente, puede acumularse en determinadas zonas del mobiliario y provocar un aumento de temperatura que, además de afectar al funcionamiento del electrodoméstico, puede resultar problemático para los productos que guardamos en los armarios cercanos.

Con el frigorífico en funcionamiento, es relativamente fácil notar cómo aumenta la temperatura del mueble contiguo, algo que se vuelve todavía más evidente durante los meses de verano. Y esto puede tener consecuencias negativas para la conservación de determinados alimentos, especialmente aquellos que deben almacenarse en lugares frescos y secos.

De hecho, es algo que he comprobado en casa. Tuvimos que cambiar el uso de los muebles situados junto a la nevera y, en menor medida, de los que están al lado de los hornos. Lo que inicialmente utilizábamos como despensa para guardar alimentos terminó convirtiéndose en un espacio para almacenar copas, sartenes y ollas.

En mi caso, por ejemplo, el mueble que está junto al frigorífico alcanza temperaturas notablemente más altas que el resto de la cocina durante el verano. Para que os hagáis una idea, cuando en la cocina tenemos una temperatura de 26 grados, el interior de ese armario puede llegar a los 30 grados. Y eso sin necesidad de abrir la puerta.

En casa tuvimos que readaptar el uso de los muebles contiguos a la nevera y en menor medida a los hornos. De tipo despensa para guardar comida, a usarlos para copas, sartenes y ollas

El problema puede ser más persistente en el caso del frigorífico, ya que está conectado las 24 horas del día, los siete días de la semana, aunque su compresor no funcione de manera continua. En cambio, el horno genera la mayor parte del calor mientras está funcionando y durante el periodo posterior de enfriamiento, por lo que el impacto dependerá de la frecuencia y del tiempo de uso.

Por este motivo, al diseñar una cocina resulta fundamental buscar un equilibrio entre la estética y la funcionalidad. No se trata de renunciar a los electrodomésticos integrados, sino de planificar correctamente su ubicación, respetar las necesidades de ventilación de cada modelo y tener en cuenta qué vamos a guardar en los muebles adyacentes.

Así evitaremos que el calor termine convirtiéndose en un problema para la conservación de los alimentos, el funcionamiento de los electrodomésticos o la durabilidad del propio mobiliario.

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Encastrar el frigorífico y el horno queda muy bonito. El problema viene después y casi nadie te avisa

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por

Jose Antonio Carmona

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