Pocas cosas dan más miedo que una derrama en la comunidad y, aunque pueden llegar por sorpresa, hay un síntoma en el que pocos se fijan. Si te das cuenta y lo ves en la fachada de tu bloque, prepárate, porque quizá se esté preparando una derrama. Si no has oído hablar de un fisurómetro, aquí descubrirás qué es.
Ya he contado cómo los edificios deben pasar una especie de ITV, la primera a los 50 años, y cómo saber si a tu bloque —o casa unifamiliar— le toca pasarla. En este caso, este pequeño aparato es el mejor chivato que anticipa una posible reforma.
Un sistema evolucionado
Aunque antes se usaba un sistema mucho más básico, pegando dos piezas junto a una grieta en la fachada para comprobar más tarde si se habían separado, ahora se emplea un pequeño aparato llamado fisurómetro. Y es uno de los mejores indicativos de que algo está ocurriendo en la fachada.
Lo primero es comprobar si se trata de un desperfecto puramente estético, o es una grieta que afecta a un elemento estructural del edificio. Y para distinguir si es uno u otro, los profesionales recurren al fisurómetro (también conocido como crack monitor o medidor de grietas).
Tal y como cuentan en la cuenta de Instagram @elarquitectodeinsta, un fisurómetro es un instrumento que sirve para medir y controlar la evolución de una fisura o grieta en una pared, techo, suelo, fachada u otro elemento constructivo.
Es un elemento que funciona de una forma muy sencilla, pero efectiva: solo hay que colocarlo sobre una grieta para saber si, con el paso del tiempo, esta se está abriendo, cerrando o desplazando. Por lo tanto, es muy útil para comprobar si una grieta es estable o si sigue moviéndose.
Básico, pero efectivo. Un fisurómetro está formado normalmente por dos piezas o placas transparentes con una escala milimetrada. Una parte se fija a un lado de la grieta y la otra, al lado contrario. Si la grieta se mueve, las marcas se desplazan y permiten medir cuánto ha cambiado.
Se usa mucho en construcción, arquitectura y peritajes para hacer seguimiento de grietas en edificios. Por ejemplo, si aparece una fisura en una pared, no basta con verla una vez: con un fisurómetro se puede controlar durante semanas o meses si aumenta, lo que puede indicar un problema estructural o un movimiento del edificio.
Existen principalmente dos tipos de dispositivos de medición:
- Lineales (de una dirección): Miden el avance de la grieta en un solo sentido.
- En cruz o bidireccionales: Registran el movimiento y la separación de la grieta tanto en vertical como en horizontal.
También los hay más sencillos, como reglas o tarjetas graduadas para medir el ancho de la grieta de forma puntual, y otros más precisos, incluso digitales.
Si después de colocar un fisurómetro, si advierte de una grieta que se está moviendo con el tiempo, estamos ante lo que viene llamarse una grieta viva y es un caso que merece estudio y tratamiento inmediato, ya que dependiendo de la gravedad puede ser necesario realizar apuntalamientos, refuerzos en la cimentación o, en el peor de los casos, la demolición preventiva para evitar derrumbes inesperados.
También hay que medir la profundidad
Tal y como cuentan en Esrevistas, con este aparato logramos conocer el ancho de la grieta y, sobre todo, si se ha movido recientemente. Pero, además, es importante conocer la profundidad de la fisura y, para medirla, lo que hacen los profesionales es utilizar una tira de cartulina rígida y delgada, de unos 1,5 a 2 centímetros de ancho.
Para medirla, introducen la cartulina con cuidado por la grieta hasta que llega a tocar fondo. Entonces, realizan una marca en la cartulina a ras de la pared para, después, sacarla y medir la distancia desde la punta hasta la marca.
Dos posibles casos. En el caso de las grietas poco profundas, que son aquellas que tienen menos de 20 milímetros, normalmente se trata de daños superficiales que no afectan a la estructura del edificio. Pero, en el caso de aquellas que superan esa longitud, sí que se puede estar comprometiendo la estructura principal del bloque.
Pero si es importante conocer la anchura y sobre todo la profundidad de la grieta, no menos importante es realizar un seguimiento en el tiempo. Lo ideal es anotar las lecturas siguiendo un calendario específico —por norma general, a los 7, 14, 30, 60 y 90 días tras su instalación—. Con estos datos, se puede trazar una gráfica que mostrará de forma muy visual el comportamiento y la evolución de la grieta a lo largo del tiempo.
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La noticia
Si ves esto en la fachada de tu comunidad, prepárate, porque puede tocarte afrontar una obra muy cara
fue publicada originalmente en
Xataka Smart Home
por
Jose Antonio Carmona
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