“Cuando empieza a refrescar, hay que abrir las persianas y empezar a ventilar”: el enfermero, Jose Angel, explica un error clásico

“Cuando empieza a refrescar, hay que abrir las persianas y empezar a ventilar”: el enfermero, Jose Angel, explica un error clásico

Es un clásico del verano: pensar que, cuando hace calor por la noche, lo mejor que podemos hacer es cerrar las ventanas para blindar la casa y, de esta forma, protegernos contra las altas temperaturas y dormir mejor. Sin embargo, esto que hace mucha gente es algo totalmente equivocado.

Ya lo hemos repetido en distintas ocasiones: para protegerse contra el calor, lo mejor que podemos hacer es abrir las ventanas cuando baja la temperatura en el exterior. Cuando el sol se esconde y el termómetro por fin da una tregua, es uno de los mejores momentos para hacerlo.

Sacar le aire caliente del interior

Calor

Ventilar la casa es uno de los mejores remedios caseros para intentar combatir la subida del termómetro, pero para que sea efectivo hay que saber cuándo hacerlo. Cuando el sol se esconde y la temperatura baja, es el mejor momento para convertir el aire del exterior en nuestro aliado para no pasar calor en casa, no depender en exceso de la climatización y lograr que la vivienda sea mucho más eficiente energéticamente. La idea es sencilla: en cuanto empieza a refrescar, hay que abrir y forzar la ventilación.

Así lo explica el enfermero Jorge Ángel, divulgador en redes sociales: “Por la noche, cuando empieza a refrescar, hay que abrir las persianas y empezar a ventilar. Y hacer la ventilación cruzada”.

Pero no sirve cualquier ventana. Para lograr una ventilación cruzada hay que elegir cuidadosamente las ventanas y puertas que vamos a abrir para establecer una corriente. Se trata de abrir ventanas situadas en lados opuestos de la vivienda para generar una corriente de aire que enfríe las habitaciones rápidamente y sin gastar un solo vatio.

Durante todo el día, la casa actúa como una especie de acumulador de calor: las paredes absorben las altas temperaturas y, por la noche, si abrimos las ventanas cuando la temperatura exterior es más baja, permitimos que salga todo ese aire caliente acumulado.

Basta con dejar la persiana subida unos centímetros. Con ese pequeño espacio y con la ventana entreabierta logramos el efecto deseado, y no es necesario dormir con el cuarto abierto de par en par.

No obstante, hay que tener en cuenta el entorno: si vives en una calle con mucho tránsito o donde la luz de las farolas resulta molesta para dormir, lo ideal es combinar esta apertura con unas buenas cortinas opacas o estores. Así bloquearás la contaminación lumínica sin frenar la brisa.

Y cuando nos despertamos, tras dejar ventilar la casa por la mañana, cuando la temperatura exterior todavía es más baja, toca de nuevo blindarse frente al calor. Cuando el sol empieza a asomar y se nota que la temperatura sube, es el momento de volver a cerrar las ventanas y bajar las persianas para conservar el fresco que hemos logrado dentro de casa con la ventilación.

Para hacerlo a la perfección, ten en cuenta la orientación de tus habitaciones. Las que miran al este reciben el impacto directo del sol a primera hora y deben cerrarse antes, mientras que las orientadas al oeste sufrirán el pico de calor por la tarde.

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“Cuando empieza a refrescar, hay que abrir las persianas y empezar a ventilar”: el enfermero, Jose Angel, explica un error clásico

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Jose Antonio Carmona

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