Cómo evitar que la tapa del inodoro se mueva cuando estamos sentados

Cómo evitar que la tapa del inodoro se mueva cuando estamos sentados

Sentarse y notar que la tapa del inodoro se desplaza hacia un lado es una de esas pequeñas molestias domésticas que casi todo el mundo ha sufrido alguna vez. El primer instinto suele ser coger un destornillador y apretar las tuercas que sujetan el asiento a la taza, y durante un tiempo parece funcionar. El problema es que, pasados unos días, vuelve a moverse exactamente igual, como si no se hubiera tocado nada.

La explicación tiene que ver con cómo está diseñado el propio inodoro. Los fabricantes hacen los orificios por los que pasan los tornillos deliberadamente más grandes de lo necesario, precisamente para evitar que al apretar se agriete la porcelana.

Ese margen de holgura es justo lo que permite que la tapa recupere el bamboleo al poco tiempo, por mucho que se haya apretado con fuerza. Antes de tocar cualquier tornillo, conviene además revisar que la superficie de apoyo esté bien seca, algo que suele pasarse por alto en el mantenimiento habitual del asiento del inodoro.

El verdadero motivo detrás del bamboleo

Con el uso diario, entre la base del asiento y la porcelana se acumulan restos de productos de limpieza y humedad que actúan casi como una capa resbaladiza, similar al efecto del jabón sobre una superficie de cerámica. Por eso, aunque las tuercas estén bien apretadas, el asiento sigue deslizándose: el problema no es de sujeción, sino de fricción entre las dos superficies.

Inodoro

La solución pasa por limpiar a fondo esa zona de contacto antes de volver a montar nada. Basta con un producto limpiacristales o cualquier desengrasante suave aplicado con un paño, dejando la superficie completamente seca antes de recolocar el asiento. Ese paso, tan sencillo como olvidado, suele resolver buena parte de los casos sin necesidad de comprar ninguna pieza nueva.

Cuándo hay que cambiar los tornillos

Si los tornillos son metálicos y llevan tiempo instalados, es habitual que hayan empezado a oxidarse, lo que dificulta tanto aflojarlos como que sujeten con firmeza. En ese caso, aplicar un poco de lubricante sobre la rosca antes de manipularlos facilita el proceso, y de paso ayuda a que el asiento deje de chirriar cada vez que se levanta o se baja. 

Una vez retirados, lo más práctico es sustituirlos por un juego de tornillos nuevos con arandelas, en lugar de intentar seguir aprovechando los originales.

Al volver a montar el conjunto, conviene apretar con firmeza pero sin forzar en exceso, porque pasarse de rosca es precisamente lo que puede acabar agrietando la porcelana que se quería proteger desde el principio.

Con la superficie limpia, un tornillo en buen estado y un apriete correcto, la tapa deja de moverse sin necesidad de recurrir a un fontanero ni de comprar un asiento nuevo, algo que también aplica si en algún momento hay que resolver otras averías sencillas del baño, como cuando el agua tarda de más en evacuar por el lavabo.

Imágenes | Xataka con edición

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Manuel Naranjo

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